Un momento decisivo para el destino del cultivo
Las últimas semanas de floración en el cultivo de cannabis no permiten errores. Es el tramo donde se define la densidad de los cogollos, el perfil de terpenos, el color de los tricomas y la potencia final del producto. Todo lo que se haga —o se omita— durante este tramo, tiene impacto directo en la calidad de la cosecha. En medio de este proceso crítico, hay un elemento nutricional que genera debate constante: el potasio.
Muchos lo mencionan como un “engordador de cogollos”, otros lo tratan como un suplemento menor frente al fósforo. Algunos lo sobreaplican con la esperanza de conseguir flores más pesadas, sin entender del todo cómo actúa. Y es justamente ahí donde se mezclan mitos, verdades a medias y errores que pueden costar caro.
El potasio: más allá del típico PK
En cualquier tabla de fertilización aparece el famoso trío NPK. Durante la floración, suele reducirse el nitrógeno y aumentarse el fósforo y el potasio. Pero decir “PK alto” no basta para entender el rol real del potasio en el cannabis.
Este mineral no actúa como combustible directo para la flor, sino como coordinador interno de procesos metabólicos clave. Entre otras funciones, el potasio regula la apertura de estomas, mejora la translocación de azúcares desde las hojas hacia las flores, activa enzimas relacionadas con la síntesis de almidones, y ayuda a mantener el equilibrio hídrico en momentos de alta exigencia.
Cuando el potasio está presente en niveles adecuados, la floración se vuelve más estable, más eficiente y más generosa. No se trata de un efecto explosivo, sino de una maduración controlada y progresiva, con menos estrés oxidativo y mayor consistencia en la formación de resina.
¿Cuánto es suficiente? El dilema de la sobrealimentación
Uno de los mitos más dañinos en la etapa final de floración es pensar que “más potasio igual a más cogollo”. Bajo esa premisa, muchos cultivadores terminan sobrecargando el sustrato con fórmulas potásicas excesivas, buscando ese supuesto “boost” final que elevará el peso de la cosecha.
Lo que no se considera es que el exceso de potasio interfiere con la absorción de otros minerales clave, como el magnesio o el calcio. Además, puede provocar desequilibrios en el pH, aumentar la salinidad del medio y generar bloqueos que la planta ya no tiene tiempo de revertir.
En las últimas semanas de floración, el cannabis absorbe menos volumen de nutrientes porque su foco ya no está en crecer, sino en consolidar. Forzar una nutrición agresiva en este momento puede desencadenar más problemas que beneficios. De hecho, muchas veces los cogollos más sabrosos y densos no provienen de plantas sobrealimentadas, sino de aquellas que recibieron un manejo nutritivo sutil, preciso y adaptado al momento fisiológico.
Potasio y perfil de terpenos: una relación poco mencionada
Un aspecto menos conocido, pero igual de importante, es la relación entre el potasio y la calidad aromática del cannabis. Este mineral participa indirectamente en la síntesis de terpenos, ya que mejora la circulación de carbohidratos y activa enzimas relacionadas con la formación de compuestos volátiles.
Cuando el nivel de potasio es el adecuado, las flores suelen mostrar un aroma más definido, más intenso y con notas mejor estructuradas. En cambio, un desbalance nutricional —especialmente si hay excesos de potasio o carencias de micronutrientes— puede derivar en aromas apagados, inconsistencia entre plantas de la misma genética o incluso la pérdida prematura del bouquet floral al secar.
Esto es particularmente relevante en cultivos destinados a extracciones, donde el perfil terpénico determina el valor final del producto. Así que, en lugar de obsesionarse con gramos por planta, muchos cultivadores de élite se enfocan en optimizar la biodisponibilidad del potasio para obtener flores con expresión sensorial plena.
El potasio como modulador del secado natural
Una función interesante, aunque poco documentada, es la forma en que el potasio incide en la tasa de deshidratación natural de los cogollos. Al facilitar la regulación estomática, este mineral permite que la planta libere humedad de forma gradual, sin colapsar sus paredes celulares. Esto influye directamente en cómo se comportará la flor durante el secado.
Cuando hay un buen balance de potasio al final del cultivo, los cogollos suelen secarse de forma más lenta y pareja, lo que ayuda a preservar terpenos, evitar hongos y mantener la textura ideal para el curado. En cambio, una planta desbalanceada puede secarse de forma dispareja, presentar zonas blandas o sufrir colapsos celulares que dificultan el proceso posterior.
No es exagerado decir que un manejo inteligente del potasio en floración facilita todo el tramo postcosecha, elevando la calidad general del producto incluso después de cortar la planta.
Aplicación precisa: menos es más en el tramo final
A partir de la sexta o séptima semana de floración, la planta ya no necesita grandes cantidades de fertilizantes. Por eso, es clave reducir paulatinamente las dosis y ajustar el tipo de aporte potásico. En lugar de usar fórmulas concentradas, conviene optar por fuentes orgánicas o de liberación lenta, que entreguen el mineral de forma sostenida sin saturar el sistema radicular.
El uso de melaza, cenizas vegetales o infusiones de compost puede aportar potasio de forma suave, acompañando la madurez natural de la planta. También es importante revisar la conductividad eléctrica del sustrato y mantener niveles adecuados de oxigenación para evitar bloqueos que frenen la absorción.
Y aunque puede ser tentador prolongar el uso de fertilizantes hasta los últimos días, es recomendable respetar un lavado adecuado en la etapa final. Esto no solo mejora el sabor, sino que permite que la planta remobilice nutrientes almacenados, incluyendo el potasio, para terminar su ciclo con elegancia y sin residuos.
En síntesis: entender antes de aplicar
El potasio no es un potenciador mágico ni un suplemento prescindible. Es, en realidad, una pieza clave en la orquesta interna del cannabis, especialmente cuando se trata de floración avanzada. Pero para que su efecto sea real, debe aplicarse con conocimiento, con respeto al ritmo de la planta y con atención a los múltiples factores que interactúan en esta fase.
Más que buscar fórmulas milagrosas, el cultivador que quiere obtener lo mejor de su genética debe aprender a leer las señales del cultivo, anticipar sus necesidades y actuar con precisión quirúrgica. Solo así el potasio dejará de ser un mito mal interpretado, para convertirse en lo que verdaderamente es: un aliado silencioso de la calidad y el carácter final del cannabis.